Si puedes tu con Dios hablar...

Bueno, yo siempre fui media combativa con respecto a los derechos de las mujeres y por eso me apasiona y me apasiono tanto el tema, la historia de las mujeres que traspasaron los limites establecidos con valentia.

Nombrarlas serian 50 post ni me animo a empezar a hacerlo por miedo a ser injusta con otras, por eso no lo voy a hacer.

Simplemente voy a dejar un texto que SIEMPRE me gusto y me guió en relacion a la mujer. Victoria Ocampo es una mujer a la que yo admire durante muchos años y aun hoy, quiza comprendiendo sus limites creados por el lugar donde nacio y las condiciones en que vivio no le permitio ver mas alla pero que sin dudas, ha sido, en mi caso, una guia en lo que se refiere a los derechos y responsabilidades de una mujer.

No comparto con ella el elitismo ni otras cuestiones, pero no por eso dejo de admirarla como mujer.

PD: Soñaba con que CFK anunciara en el dia de la mujer el billete de 100 pesos con la cara de Juana Azurduy.

La mujer, sus derechos y sus responsabilidades

La Revolución que significa la emancipación de la mujer es un acontecimiento destinado a tener mas repercusión en el porvenir que la guerra mundial o el advenimiento del maquinismo. Que millones de hombres y mujeres no sepan todavía que se ha producido, o atribuyan este fenómeno a una moda pasajera, o sea imaginen que solo pueden aportar a la humanidad un aumento nefasto de licencia, o sonrían con superioridad ante el enunciado de alto tan inadmisible, todo esto en nada cambia el hecho consumado. Esta revolución ha tenido lugar, puesto que se ha cumplido ya en ciertas conciencias.

Lo único que me pregunto es si la palabra “emancipación” es exacta. ¿No convendría mas decir “liberación”? Me parece que este termino, aplicado a siervos y esclavos, se ciñe mejor a lo que quiero decir. No olvidemos que los intolerantes métodos coercitivos que nacen tan naturalmente en los hombres y que las mujeres soportan con una naturalidad mas extraordinaria aun, están todavía en vigor entre la gran mayoría. La historia de la esposa que se indigna porque un espectador apiadado quiere impedir a su marido golpearla perpetúa y se reproduce en mil formas. El pensador ingles que afirma que el sexo masculino es sádico por constitución y el femenino masoquista, ha dado, a mi entender, con la explicación de ciertos enigmas.

En otros términos, es verdad que las mujeres se complacen secretamente en permitir a los hombres que las maltraten, como es verdad que, por su lado, los hombres sienten intima satisfacción en permitirse maltratar a las mujeres. Claro que estos malos tratos no son generalmente físicos sino morales y toman a veces formas refinadísimas.

No se puede pretender que los hombres renuncien de buenas a primeras a esta voluptuosidad cotidiana en que se han hundido durante siglos…Las mujeres deberán, ellas, tomar la iniciativa y “privarse” de este delicioso estupefaciente al que su naturaleza esta no menos acostumbrada.

Es increíble, y hablo ahora sin ironía, que millones de seres humanos no hayan comprendido aun que las actuales reivindicaciones de la mujer se limitan simplemente a exigir al hombre que deje de considerarla como a una colonia por él explotada, y que llegue a serle “el país en que vive”.

(…)

Lo que los hombres, fuera de la minoría que bendigo, no parecen comprender es que no nos interesa en absoluto ocupar su puesto (error que la extrema reacción a que nos han obligado ha podido contribuir a crear), sino ocupar por entero el nuestro, cosa que hasta ahora no ha ocurrido.

Esta revolución que se esta cumpliendo hoy en el mundo no es de ningún modo un “ôte-toi que je m’y mette” como la mayoría de las revoluciones. No se hace, absolutamente, para que la mujer invada el terreno del hombre, sino para que el hombre deje por fin de invadir el terreno de la mujer, lo que es muy distinto. Lo mismo que la otra revolución (la que ha nacido en Rusia y que ha creado también errores, actitudes brutales, malentendidos terribles, por la extrema reacción que forzosamente la hizo estallar), no debería hacerse –por lo menos así lo entiendo yo- para que el proletariado abuse de las clases privilegiadas como las clases privilegiadas han abusado de él (lo que crearía un circulo vicioso), sino para que todo niño, habiendo recibido la riqueza de cuidados en lo que atañe a su salud física, a su salud moral y a su educación, pueda alcanzar a desarrollar lo mejor posible sus dotes innatas (y solo en estas radicara en adelante la desigualdad del reparto), y, llegado a hombre, pueda colocarse en el escalón que corresponda a su verdadera vocación y a su autentico valer.

Creo que el gran papel de la mujer en la historia comienza hoy a aflorar a la superficie. Pues ella, hoy, quien puede contribuir poderosamente a crear un nuevo estado de cosas, ya que esta, con todo su ser físico y espiritual, inclinada sobre las fuentes mismas de la vida, inclinada sobre el niño. Vive, por consiguiente más cerca del hombre del futuro, puesto que el niño, sobre el cual se ejerce su poder, consciente e inconscientemente, es ese hombre.

Por eso estimo que si el mundo actual, vuelto al caos, debe recobrar un orden, un equilibrio perdido, es la mujer, hoy, la que se encuentra –admítase o no, tómese o no a broma, ignórenlo o no a las masas- en la primera línea de trincheras.

(…)

Creo, pues, que todo lo que lleve a despertar la conciencia de la mujer para darle noción exacta de sus responsabilidades, para elevar su nivel espiritual, para que su educación se haga en las condiciones lo mas perfectas posibles, análogas a las del hombre; para que se le acuerden todos los medios que ayuden al desarrollo de todas sus facultades, sean las que fueren, es lo que nos interesa esencialmente. Lo demás vendrá por añadidura.

(…)

No podemos crear nada fuera de nosotros sin antes haberlo creado en nosotros.

Que el hombre acabara por llegar a ser lo que debe, frente a la mujer, no lo dudo. Pero lo que es mas urgente aun es que la mujer llegue a ser frente a su misma lo que debería ser. Lo uno será consecuencia de lo otro.

De esta nueva actitud nacerá una unión, entre los hombres y las mujeres, mucho más verdadera, mucho más fuerte, mucho más digna de respeto. La unión magnifica de dos seres iguales, que se enriquecen mutuamente, puesto que poseen riquezas distintas. La unión que solo puede existir entre los que aceptan, con conocimiento de causa, su interdependencia...

Para que el hombre y la mujer puedan cooperar el uno con el otro es menester que desaparezcan, de parte del hombre, su moral coercitiva y patriarcal (en el mismo sentido en que se emplea la palabra matriarcal, es decir, imposición y predominio absoluto de un sexo sobre otro); de parte de la mujer el punto de vista falseado que ha podido crear en ella el antagonismo del sexo, la rebelión contra el opresor.

La emancipación de la mujer, como la entendemos nosotros, no esta hecha para alejarla del hombre, sino muy al contrario, para acercarla a el de manera mas completa, mas pura y mas consciente. En la lucha por la vida, tan áspera en nuestros días y que hace alzarse a los individuos unos contra otros en la desconfianza, la competencia, la defensa encarnizada de intereses o doctrinas contradictorias, las pequeñas o grandes estrategias, el hombre y la mujer tienen un solo medio natural para escapar de su intolerable aislamiento: el amor mutuo. Seria necesario que en ese refugio al menos se rindieran las armas.

(…)

Muchas mujeres dirán, apoyadas por muchos hombres, que bastante tienen con dar el pecho a sus hijos y prepararles la sopa y cambiarles los pañales. Pero sabemos que de sobra que las trabajadoras (excepto, claro esta, las que han hecho del cuidado del niño una profesión) ven limitado el tiempo que pueden consagrar a esos quehaceres, mientras que las ociosas, dedicadas en general a otras ocupaciones, lo limitan voluntariamente.

Una amiga de Madame Curie me contó que fue en la época en que hacia ella misma hervir la leche de los biberones de sus bebes cuando empezó también a trabajar de firme con su marido y se hizo la mujer admirable que el mundo acaba de perder. ¿No es de desear que el tipo de mujer de que ella fue representante ejemplar sea estimulado, cultivado?

La emancipación de la mujer, como yo la concibo, ataca las raíces mismas de los males que afligen a la humanidad femenina y, de rebote, a la humanidad masculina. Pues la una es inseparable de la otra. Y por una justicia inmanente, las miserias sufridas por una repercuten instantáneamente en la otra bajo aspectos distintos.

Que un grupo de mujeres, por pequeño que sea, tome aquí conciencia de sus deberes, que son derechos, y de sus derechos, que son responsabilidades: tal es mi voto restringido y ardiente.

Si las mujeres de este grupo pueden responder por si mismas, podrían responder dentro de poco por innumerables mujeres.

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